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EDITORIAL: LA INVESTIDURA PRESIDENCIAL

A propósito de  la reciente toma de protesta de los 112 presidentes municipales (menos en Cheran, que es por usos y costumbres) del  estado de Michoacán es importante hacer una reflexión sobre el honroso encargo que el pueblo les ha conferidos a  ciudadanos que adquirieron el compromiso de presidir,  regir y hacer valer las leyes contempladas en la carta magna, en la constitución política del estado  y por ende las normas y reglamentos estipuladas en la ley orgánica municipal.
 La investidura presidencial no debe de marear a quien la ostenta, al contrario, el presidente  debe de tener los pies muy firmes sobre el piso y no dejarse seducir por la infinidad de  oportunistas, agoreros y lambiscones que sin lugar a dudas  le estarán rodeando y de igual manera frecuentemente le estarán mintiendo, con tal de elevar su ego y de esta manera  obtener a cambio jugosas canonjías o prebendas.
 El presidente en funciones debe de ser muy puntual y detectar desde el principio de su administración a aquellos que le llevan siempre buenas nuevas y le ocultan la verdad de lo que está ocurriendo en su municipio, porque si no reflexiona los afectados siempre serán 2 :  el pueblo que gobierna y el mismo, por contar con un equipo falso, mentiroso adulador que le quieren poner la venda en los ojos y deje de ver la realidad que está viviendo el pueblo.
 Frecuentemente no es el presidente quien le  “juega sucio al pueblo”,  son sus asesores o los “nuevos mercenarios municipales” quienes le llenan la cabeza al mandatario de ideas erróneas falsas y mentirosas, son los que le imponen su voluntad para sacar Tajada de la misma.
Esta pugna de grupos  surge desde el mismo momento que es investido como presidente municipal, y aparecen los serviles,  que trabajan por ganarse  la venia del presidente, acción indigna que finalmente afectara la imagen del presidente ante una sociedad que le dio la confianza de regir y presidir los destinos del municipio.
 El presidente debe de aceptar las críticas que en un momento  le pueden señalar  medios de comunicación y analizar conscientemente si las acepta o no , pero nunca ver como enemigo a quien le marca los hierros que a lo largo de sus desempeño pudiera cometer.
Estoy de acuerdo en que se respete la investidura presidencial, pero el presidente también debe obtener ese respeto por su propia persona, si es un servidor público, pero es el de mayor rango, de mayor nivel, responsabilidad y por supuesto de mayor autoridad en el municipio. Se supone que es la persona idónea para el cargo, tanto que fue el pueblo quien lo eligió y fue la mayoría de los ciudadanos quienes le vieron facultades para dirigir el rumbo de nuestra nación. Si le va bien a nuestro presidente, nos va bien a todos.

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